Vocación y sacrificio: las historias detrás del uniforme en el Día del Bombero Voluntario de Río Primero
En el marco de los actos por el Día Nacional del Bombero Voluntario, la institución de Río Primero reafirmó su compromiso con la comunidad. En una jornada marcada por la emoción, los referentes del Cuerpo Activo y la Comisión Directiva compartieron historias de vida, el orgullo por el deber cumplido y una meta urgente: sumar asociados para sostener la operatividad de un Cuartel que no deja de profesionalizarse.

Este martes 2 de junio, en una jornada cargada de simbolismo, el Cuartel de Bomberos Voluntarios de Río Primero conmemoró su día nacional. La jornada inició con el izamiento de la bandera frente al Cuartel, momento del que participaron autoridades municipales y del protocolo local.
La fecha permitió un encuentro profundo entre las generaciones que construyeron la institución. A través de sus propios testimonios al ser consultados por El Diario del Pueblo, los protagonistas relataron una vida marcada por la entrega desinteresada, el recuerdo imborrable de las emergencias más duras y la convicción inquebrantable de volver a elegir, una y mil veces, el camino de ser bomberos.

Ramón Medina: la pasión de una vida dedicada al servicio
Ramón Medina, un histórico de la institución, recordó sus inicios con una emoción que trasciende los años. “Yo ingresé el 17 de marzo de 1982”, señaló, al mismo tiempo que definía a los Bomberos como “todo” en su vida. Al ser consultado sobre qué lo impulsó a sumarse a esta vocación, Medina fue directo: “Ayudar al prójimo. Yo veía a las personas que necesitaban ayuda y siempre estuvimos a disposición de nuestra ciudad de Río Primero”.
Para Medina, la realidad de ser bombero superó cualquier expectativa previa: “Yo pensaba una cosa y después me encontré con otra realidad, pero la viví con tanta pasión que dediqué toda mi juventud a ser bombero”. El bombero también compartió uno de los recuerdos más dolorosos que guarda en su memoria: un grave accidente antes de llegar a Piquillín, donde perdieron la vida dos personas. “Vi todos los pedazos de cuerpos en el asfalto. Es terrible lo que le toca a un bombero voluntario; por eso la preparación, porque nos toca llegar en el peor momento”.
Luis Innamorato: una mirada desde el lente y el corazón
Con más de 30 años de servicio, Luis Innamorato aportó un relato crudo sobre los comienzos de la institución. Su vínculo con las emergencias nació incluso antes de que existiera el Cuartel, ya que colaboraba con la policía como fotógrafo en accidentes. “Cuando se funda esto, yo ya hacía 10 o 12 años que estaba con la policía. Yo liberaba la ruta y, desgraciadamente, teníamos que recoger las víctimas. Parece crudo, pero es la realidad”.
Innamorato describió los roces iniciales con las fuerzas policiales, acostumbradas a realizar tareas que luego pasaron a manos de los bomberos, y cómo la falta de profesionalización de antaño se suplía con valentía: “Lo nuestro era más de corazón que lo que sabíamos en ese tiempo. Salíamos a los incendios y hacíamos como un tipo látigo con las mangueras”.
Al rememorar un accidente específico en la gran curva antes de Piquillín, Innamorato confesó: “Tuve que agarrar partes del cuerpo con la mano, el corazón, las vísceras desparramadas en la ruta. Me tocó a mí juntarlas. Yo he tenido muchas oportunidades de hacerme tratamiento psicológico, porque no solo viví esto como bombero, sino también como fotógrafo”. Pese a la dureza, sostiene su orgullo: “No la pienso; si volviera a nacer, elegiría de nuevo ser bombero”.
Walter Tablada: el nacimiento de una vocación accidental
Para Walter Tablada, los 26 años dedicados a la institución comenzaron de forma inesperada. “Un día, venía el río crecido y rescaté a una persona con su animal; de ahí me nació esa vocación”, relató. Tablada enfatizó que el hecho de ser bombero no es algo que se abandone: “Me molesta cuando me dicen ‘exbombero’. No, yo he sido bombero, sigo siendo bombero y voy a morir siendo bombero”.
Entre sus recuerdos, destacó un hecho que aún le duele profundamente: “Me marcó un accidente dondelo aplastó la cabina a un conductor muy allegado a mí, un amigo que era como mi hermano. Fui, lo vi y me quedé en el camión; fue lo único que me quedó grabado en mi vida”. Tablada concluyó con una reflexión sobre la naturaleza del voluntariado: “Esta es una vocación con la que se nace; no cualquiera es bombero, porque a esto hay que ponerle ganas, empeño, mucha dedicación y, sobre todo, el corazón”.
Darío Innamorato: el relevo generacional y la profesionalización
El actual jefe del cuerpo activo, Darío Innamorato, representa la continuidad de un legado familiar. “Mi viejo fue bombero fundador, mi tío fue bombero fundador. A los seis años me puse el primer casco que trajeron al pueblo y ayudé a subir la primera sirena”. Para Darío, el crecimiento institucional ha sido “a pasos gigantes”, pasando de usar vehículos particulares y un rastrojero que no funcionaba, a un cuartel con unidades modernas y planes de expansión.
El jefe del cuerpo activo reconoció los costos personales de la labor: “Te cuesta salir de acá cuando venís de una emergencia e irte a tu casa con la mente limpia. He tenido que dejar cumpleaños de mis hijas por estar en una capacitación”. No obstante, destacó el avance en la contención: “A través de un departamento llamado Psicología de la Emergencia, hacemos esas descargas emocionales que nos ayudan mucho”. Finalmente, valoró el reconocimiento social: “Cuando volvés de una salida, la gente te saluda y te aplaude. Eso nos llena el alma; el ser bombero te da una satisfacción muy grande”.
El pedido de la Comisión Directiva: la sostenibilidad del cuartel
El presidente de la comisión, Isidro Berruezo, cerró la jornada con un mensaje pragmático sobre las necesidades actuales. “Trabajamos tratando de dar soluciones a los bomberos, en móviles y herramientas, porque ya somos una ciudad y necesitamos que sean más profesionales”. Berruezo advirtió que los subsidios nacionales y provinciales tienen destinos específicos —como compra de herramientas o vehículos— y que los gastos operativos diarios requieren el apoyo constante del pueblo.
Actualmente, el cuartel cuenta con unos 900 asociados, pero el objetivo es alcanzar los 2.000 para garantizar la operatividad. “Estamos saliendo casa por casa para hacer socios con una cuota de 2.000 pesos a través de la factura de la cooperativa. Necesitamos que la sociedad nos acompañe, porque los bomberos se deben a la gente y nunca saben si van a volver vivos de una emergencia”, enfatizó Berruezo, reafirmando que el cuartel es, ante todo, un refugio que pertenece a toda la comunidad de Río Primero.