Historiadores visitaron Pilar, el último refugio de Belgrano: la ciudad reafirma su identidad como epicentro de la historia nacional
Tras la aprobación de la ley provincial que la distingue como “Ciudad Belgraniana”, la localidad del departamento Río Segundo puso en marcha una serie de visitas y actividades para consolidar su rol en la preservación del patrimonio histórico vinculado al creador de la Bandera.

En un paso significativo para la puesta en valor de la memoria argentina, Pilar recibió la visita de los historiadores Carlos Ferreyra y Facundo Seara, quienes, junto al intendente Leopoldo Grumstrup, recorrieron los sitios donde el general Manuel Belgrano pasó sus últimos tres meses de vida activa. La estadía del prócer en tierras cordobesas, documentada históricamente como el escenario de su último acto militar, fue recientemente reconocida de forma oficial por la Legislatura de la Provincia mediante la Ley 11.124, que declaró a Pilar como la primera Ciudad Belgraniana de Córdoba (antes había sido reconocido Chalacea, del departamento Río Primero, como Pueblo Belgraniano)
El último acto de un prócer
La historia oficial suele centrarse en la creación de la Bandera o las batallas del Norte, pero Pilar guarda un capítulo tan decisivo como desconocido. En 1819, con su salud visiblemente deteriorada, el general Manuel Belgrano se instaló en la entonces posta de Pilar. Fue precisamente desde la capilla local donde, el 10 de septiembre de 1819, tomó la histórica decisión de entregar el mando del Ejército del Norte al coronel Juan Bautista Bustos.
Este hecho, respaldado por años de investigación documental del historiador local Daniel Mare, marcó el cierre definitivo de la carrera militar del prócer, poco antes de su fallecimiento en Buenos Aires en junio de 1820. La aprobación unánime de la Unicameral, impulsada por un conjunto de legisladores provinciales, no solo valida este episodio, sino que pone al alcance de la comunidad un legado que permaneció, durante décadas, fuera de los circuitos de estudio tradicionales.
Un faro cultural para el departamento
La distinción de “Ciudad Belgraniana” no se agota en el sello protocolar. Para la gestión municipal, encabezada por Leopoldo Grumstrup, esta ley es una herramienta de transformación estratégica en el marco de los 150 años de la ciudad. El objetivo es claro: convertir a Pilar en un polo de turismo histórico y divulgación científica que permita a las futuras generaciones dimensionar la presencia de Belgrano en el departamento Río Segundo.
La reciente visita de los historiadores Ferreyra y Seara representa el inicio de una agenda que busca integrar a Pilar en el mapa del patrimonio nacional. La apuesta municipal es ambiciosa: transformar el “último capítulo” del General en un activo cultural vivo. Con este reconocimiento, la localidad no solo rescata un evento ocurrido hace más de dos siglos, sino que se posiciona con una identidad renovada, transformando un hecho del pasado en la oportunidad de desarrollo educativo y cultural más importante de su historia reciente.
La Capilla del Pilar y el adiós de Manuel Belgrano
La Capilla de la Virgen del Pilar es testigo del paso de los siglos. En plena lucha por la independencia del dominio español, Manuel Belgrano acampó allí con su ejército. El prócer, ya con su salud deteriorada, delegó el mando militar y se despidió de la tropa.
A partir de documentos antiguos, el equipo de profesionales del Archivo Histórico de la Provincia reconstruyó parte de la historia del templo levantado en el siglo XVIII, en cercanías del río Xanaes, en la localidad homónima de Pilar, departamento Río Segundo.
La saga se remonta a 1697, cuando José de Sobradiel y Galligo compró la tierra donde tiempo después se construyó la capilla, de acuerdo a lo que Gabriela Parra Garzón, directora del AHPC, pudo constatar en documentos de la época que se conservan allí.

Mujeres de fe
Más adelante, Sobradiel y Galligo se fue a Perú con la intención de vender mulas y la explotación de la estancia quedó a cargo de su esposa, María Vélez y Herrera. Fue la mujer quién hizo construir el templo.
“En su testamento de 1711 (la esposa) declaró que había levantado un oratorio dedicado a la Virgen del Pilar, una advocación de tradición muy española”, indica Parra Garzón.
En un testamento de 1745, la hija soltera del matrimonio, Gregoria de Sobradiel, encargó a sus albaceas la construcción y edificación de una capilla, que ya se había comenzado a levantar “con cimientos de cal y canto”. Doña Gregoria, además, “había dejado para la obra de la capilla 150 vacas que debían venderse en la ciudad de Salta, y con el dinero obtenido traer tirantes de nogal necesarios para la edificación”.
Por falta de pago de la renta que gravaba el inmueble, las tierras quedaron en poder del monasterio de Santa Teresa de Jesús.
“En 1808, cuando el monasterio de Santa Teresa dio una razón de las propiedades que tenía, se menciona a la estancia del Pilar, situada a nueve leguas de la ciudad de Córdoba, en el camino real a Buenos Aires y en la banda sur del río Segundo”, precisa Parra Garzón.

Cambio de época
La pesquisa documental conduce a 1828, cuando Antonio de la Quintana compró la estancia. Un escritura pública de la época hace referencia a la adquisición “de unas tierras en el lugar llamado el Pilar”, que se extendían desde “el camino de la Posta de Buenos Aires”.
Tres décadas después, “el presbítero Juan Isidro Fernández -no se ha podido dilucidar cuando adquirió la estancia- vendió la propiedad a Tomás Porto. En esta venta se hace mención a la iglesia del Pilar, incluida dentro del predio”, apunta la directora del AHPC.
“Es probable –continúa-que Porto fuera un especulador en tierras o quizás un intermediario, porque en 1859 vendió la estancia a don Francisco Ignacio de Cabrera, quien fue dueño de la propiedad hasta su muerte”.
Una pausa en medio de la batalla
Entre tanto, la capilla fue testigo del paso de grandes hombres. Parra Garzón apunta que Manuel Belgrano, en plena lucha por la independencia del dominio español, acampó con su ejército en territorio cordobés. “De Fraile Muerto llega al ‘Quartel General en el Pilar’, como consta en el primer documento datado en esta geografía”, señala.
Belgrano, con su salud muy debilitada, traspasó el mando del Ejército del Norte a su segundo, Francisco Fernández de la Cruz y reconoció al cordobés Juan Bautista Bustos como uno de los jefes del estado mayor. El prócer envió una carta, con fecha del 10 de septiembre de 1819, comunicando su decisión al gobernador provisional de Córdoba, José Javier Díaz.
«Debiendo salir para Tucumán con el objeto de recuperar mi salud, he nombrado general en jefe, al señor jefe del Estado Mayor, coronel mayor don Francisco Fernández de la Cruz, y jefe de Estado Mayor, al señor coronel mayor don Juan Bautista Bustos», dice la misiva escrita por Belgrano, que se conserva en el AHPC. El prócer nunca se terminó de recuperar y murió al año siguiente.
“En ese traspaso de mando, con el reconocimiento de los servicios del cordobés Bustos, comienzan a escribirse las primeras páginas de quien se convertirá, al año siguiente, en el primer gobernador constitucional de la Córdoba poscolonial y soberana”, concluye.