20/04/2026

Un legado para Diego de Rojas: el comedor de Nely, una joya patrimonial que vuelve a latir

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En una de las edificaciones más antiguas del pueblo, Nely decidió reconstruir su historia familiar y devolverle vida a un espacio que hoy es patrimonio cultural comunal. Entre recuerdos, proyectos y fe, su comedor “Santa Rita” se transforma en un símbolo de identidad y esperanza para toda la localidad.

El sol de la mañana se cuela por las ventanas antiguas del comedor de Nely, un edificio declarado de interés patrimonial comunal y una de las construcciones más longevas de Diego de Rojas. Sentada entre paredes que guardan décadas de historias, Nely recuerda el camino que la trajo de regreso a su origen.

“Mi hermano y yo nacimos acá, a casa de por medio”, cuenta con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo. “A los 10 años tuvimos que irnos por el trabajo de papá, pero siempre dijimos: cuando seamos viejos, volvemos a nuestro pueblo”. Y cumplió. Hace once años dio ese paso que ella llama “una bendición de Dios”. Su hermano, asegura, lo hará el próximo año, cuando se jubile.

Esa decisión marcó el inicio de un proyecto cultural que hoy ya es parte del patrimonio de Diego de Rojas. “Esto es un punto de partida. Empezamos con un patrimonio cultural, después vendrá una biblioteca popular, y cuando nosotros no estemos quedará para la comuna”, expresa con la claridad de quien piensa en futuro.

Tras décadas viviendo en Villa Santa Rosa —donde trabajó como remisera durante 14 años—, Nely volvió al lugar que siempre sintió propio. “El amor por mi pueblo es terrible… y sigue”, afirma emocionada. “Acá tengo mis recuerdos de infancia, los mejores años de mi vida. Volver es agradecerle a Dios”.

Hoy, ese regreso se materializa en el comedor que lleva el nombre de su devoción: Santa Rita. Funciona de martes a domingo, como bar comedor al mediodía y por la noche. Hasta el verano pasado también fue sede de peñas, bailantas y eventos en un amplio patio posterior, donde las fotografías colgadas en las paredes dan testimonio de noches memorables.

Además, el espacio incluye una habitación equipada para hospedaje: baño privado, cocina, agua caliente, heladera y capacidad para cinco personas. “Mucha gente viene a visitar el pueblo y no tiene dónde quedarse. Aquí encuentran un lugar”, explica.

Nely también conserva parte de la identidad original del edificio: un histórico local de ramos generales, que durante años fue punto de encuentro y abastecimiento para la comunidad.

Hoy, ella invita a quienes transiten la región a hacer una parada obligada. “Solo tienen que googlear ‘Comedor Santa Rita’, y acá estamos”, dice con la calidez de quien abre no solo las puertas de su casa, sino también las de su corazón.

En el fondo, la gruta de Santa Rita —erigida con devoción— custodia este espacio que vuelve a renacer. “Yo vivo aquí. Soy feliz aquí. Mi lugar en el mundo es este”, concluye Nely.

Un testimonio que no solo recupera la memoria de Diego de Rojas, sino que reafirma una verdad profunda: los pueblos también se reconstruyen cuando sus hijos deciden regresar.

El autor:

El Diario del Pueblo

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