Con una puesta escénica conmovedora y el predio del Auditorio Municipal colmado, el festival puertense brindó una apertura impactante. La danza fue el lenguaje elegido para decir presente, con una apertura a cargo del Taller Municipal “Raíces Vivas”, dirigido por Paulina Roggero, que volvió a emocionar a toda la comunidad.
Este sábado la noche se vistió de fiesta en La Puerta. Desde temprano, familias enteras comenzaron a ocupar cada rincón del predio del Auditorio Municipal, mates en mano, para ser testigos de una nueva edición de un festival que ya es identidad y encuentro. Ante una multitud, el Festival del Mate y la Familia levantó el telón de su 15º edición con una apertura que combinó sensibilidad artística, pertenencia y un profundo mensaje colectivo.
La responsabilidad —y el honor— de inaugurar la fiesta volvió a recaer en el Taller Municipal de Danzas “Raíces Vivas”, que desde hace casi tres décadas es sinónimo de formación, compromiso y arte en la localidad. Su directora, Paulina Roggero, no ocultó la emoción al finalizar la presentación: “Para nosotros nunca deja de ser emocionante preparar una apertura. Es un desafío, y nos encantan los desafíos, por eso lo disfrutamos muchísimo”.
Un camino que vuelve a encontrarse
La propuesta artística de este año tuvo un hilo conductor claro y poético. Bajo el nombre “Caminos desde la raíz”, la puesta invitó a reflexionar sobre el andar, el caminar y los ciclos del ser humano, en diálogo permanente con la naturaleza y el paso del tiempo.
“El año pasado terminamos la apertura y lo primero que dijimos fue: ¿qué hacemos el año que viene? Partimos de ahí, del festival pasado. Transitamos este año como un ciclo, hablando del andar, del ser humano, hasta volver a encontrarnos”, explicó Roggero.
Las estaciones del año se hicieron cuerpo en escena, con cuadros que evocaron el otoño, la renovación y la fuerza de la naturaleza. El árbol de raíces vivas, símbolo y esencia del grupo, volvió a decir presente como metáfora de identidad y pertenencia.
“La raíz es nuestra esencia. Por eso no podía faltar. El cuadro habla de eso, de caminar siempre para adelante, desde lo que somos”, sintetizó la directora.
120 bailarines, una misma emoción
Sobre el escenario se desplegó un verdadero mosaico generacional: 120 bailarines, de entre 3 y 50 años, dieron vida a la apertura. Desde los más pequeños hasta los adultos, cada grupo tuvo su momento de ovación.
Particularmente celebrado fue el ingreso del grupo Pacha, integrado por los más chiquitos del taller, que desató aplausos y sonrisas en el público.
“Son esperados y ovacionados. Todos los grupos tienen nombre y su identidad, y el público ya los conoce”, contó Roggero con orgullo.
El vestuario multicolor y la presencia del flamante taller de adultos —iniciado este año, con muchas mamás de bailarines— marcaron otro de los puntos altos de la noche.
“Fue un desafío empezar con adultos y el resultado es esto maravilloso que se vio hoy”, destacó.
El festival en casa
El clima acompañó, el escenario lució imponente y la emoción se multiplicó por tratarse de un espacio propio: “Este es nuestro lugar. Que el festival venga a nuestro espacio es como la frutillita del postre. Bailar acá, con nuestra gente, con la comunidad, es algo realmente maravilloso”, expresó Pili.
Raíces Vivas no solo dice presente en La Puerta. El grupo participa activamente en encuentros y festivales de la región y del país, llevando la danza local a nuevos escenarios: “Este año tuvimos la posibilidad de bailar en el Movistar Arena, en Buenos Aires, en el Festival Patria, y también estuvimos en Santa Fe. La idea siempre es compartir el arte, la danza y seguir haciendo amigos”, señaló Roggero.
Con una apertura que dejó huella, el Festival del Mate y la Familia volvió a demostrar que no es solo una grilla artística: es un espacio de encuentro, identidad y celebración colectiva. La Puerta abrió su fiesta grande, y lo hizo, una vez más, desde la raíz.