Mar de Ansenuza: la crecida borra las playas y el “museo a cielo abierto” vuelve a quedar bajo el agua
Las intensas lluvias en las cuencas de los ríos Suquía, Xanaes y Dulce elevaron el nivel de la laguna Mar Chiquita en un metro durante los últimos meses. El fenómeno, que devuelve al espejo de agua su esplendor histórico, generó un fuerte impacto visual con la desaparición de la costa baja y la mortandad de peces de río por el exceso de salinidad.
La fisonomía de Miramar de Ansenuza ha dado un vuelco drástico en apenas unos meses. Lo que durante años fue una extensa “playita de abajo” que permitía caminar a metros del espejo de agua, hoy es terreno ganado por el avance del mar cordobés. Como consecuencia de las abundantes precipitaciones en las zonas serranas y el norte provincial, el nivel de la Laguna Mar Chiquita ascendió un metro, transformando el paisaje turístico y sumergiendo nuevamente vestigios históricos que habían estado al descubierto durante cuatro décadas. (En fotos: el antes y el ahora)


La crecida no es un hecho aislado, sino el resultado del aporte sostenido de sus principales tributarios: los ríos Dulce, Suquía y Xanaes. Estos cauces llegan con volúmenes extraordinarios, empujando el límite de la laguna sobre la infraestructura costera y borrando del mapa el “museo a cielo abierto” que rodeaba las ruinas del emblemático Hotel Viena y toda la zona costera, destacándose el Anfiteatro Nocheramas. Aquellas estructuras que el retroceso del agua había dejado a la vista después de 40 años, hoy descansan otra vez bajo la superficie.



El drama de los peces: un choque de ecosistemas
Sin embargo, la postal de belleza natural que ofrece el incremento del caudal tiene una contracara impactante y triste en las orillas. En los últimos días, cientos de peces muertos han aparecido sobre la costa, generando preocupación entre los vecinos y turistas que recorren la zona.
El fenómeno, según explican especialistas, se debe a un choque biológico inevitable. Los peces —entre los que se observan ejemplares de dorados pequeños, carpas, bagres, tarariras, viejas del agua, bogas y mojarras plateadas— son arrastrados por la fuerza de los ríos, particularmente del Río Dulce, hacia el interior de la laguna.
Al ingresar a Ansenuza, se topan con una barrera letal: la salinidad. Actualmente, la laguna presenta una concentración de 80 gramos de sal por litro, un ambiente absolutamente inviable para las especies de agua dulce. Al no poder resistir el cambio osmótico, los peces mueren casi instantáneamente y son devueltos por el oleaje a la arena.
Impacto en la comunidad y el turismo
Para la comunidad local, la crecida es recibida con una mezcla de nostalgia y optimismo. Si bien se pierde la “playita” que facilitaba el acceso recreativo cerca del agua, el ascenso del nivel fortalece el ecosistema del flamante Parque Nacional y recupera el volumen hídrico necesario para mantener la biodiversidad de aves, como los flamencos, que son el sello distintivo de la región.
“Luce hermosa como siempre, pero el agua se hizo inminente. Ya no tenemos ese espacio para estar cerquita del agua, pero ver el mar así de lleno nos recuerda su verdadera fuerza”, comentaron vecinos que recorren la costanera.
Antecedentes y proyección
Históricamente, la Mar Chiquita ha tenido ciclos de expansión y retracción muy marcados. La última gran crecida que afectó severamente a la localidad data de finales de los años 70. Aunque esta situación actual está lejos de ser una amenaza para el casco urbano gracias a las obras de defensa costera, el fenómeno de los peces muertos es un recordatorio de que la laguna es un ecosistema vivo y en constante transformación.
Se espera que el nivel del agua se estabilice en las próximas semanas si cesan las lluvias en las altas cuencas. Mientras tanto, las autoridades locales monitorean la limpieza de las costas para mantener la salubridad de la zona turística, mientras Miramar se adapta a convivir con un mar que, después de mucho tiempo, ha decidido reclamar su espacio y ocultar, una vez más, los secretos de su historia sumergida.
