20/04/2026

Villa del Rosario: un cierre de la escuela de Talleres que deja huella en la comunidad

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Crónica creativa de un año que terminó entre abrazos, aprendizajes y una multitud que celebró mucho más que una fiesta.

Cuando cae la tarde sobre Villa del Rosario y el viento amenaza con arruinar cualquier festejo, hay coordinadores que siguen mirando el cielo con el corazón en la boca. Así llegó la noche del cierre de la Escuela de Talleres en la ciudad capital del departamento Río Segundo: con dudas, con pronósticos inciertos… y con más de 500 personas que, contra todo pronóstico, se hicieron presentes para decir “acá estamos”.

El profesor Hernán Negrete, alma máter de este espacio formativo, lo cuenta con la sencillez de quien lleva años sembrando entre chicos, familias y comunidad: “Siempre estamos con el tema del tiempo, pero la noche del cierre nos acompañó muchísima gente. Tenemos 120 alumnos y, con sus familias, superamos las quinientas personas. Fue hermoso.”

Más que premios: reconocimientos que abrazan un año de esfuerzo

En una sociedad que suele correr detrás de urgencias, esta escuela deportiva se toma una pausa para premiar lo que realmente importa: constancia, aprendizaje, valores. Las medallas, los recuerdos, los sorteos… cada detalle fue pensado no como un trofeo, sino como un gesto.

“Es un incentivo, algo chiquito, pero para ellos es enorme. Ellos esperan esta fiesta, el contacto con sus compañeros, el divertirse. Eso es lo lindo“, asume el profesor en la entrevista realizada por Leonardo Varela.

El clima familiar atravesó toda la noche. Entrada libre y gratuita, buffet accesible, la mesa compartida y el ambiente cálido: una combinación que transformó el predio en un auténtico patio comunitario.

Una comunidad que sostiene y una familia que acompaña

Negrete lo dice sin rodeos: nada de esto funciona sin las familias: “El acompañamiento es lo principal. Hace que el chico vaya con ganas. Si marcamos algo, siempre hablamos con los papás. La familia y la escuelita van de la mano.”

Y detrás de bambalinas, una lista larga de agradecimientos sostiene el proyecto: Municipalidad, mantenimiento, mamás colaboradoras, Fundación, profesores, y la comunidad entera.

En tiempos en los que los espacios deportivos y culturales atraviesan definiciones y revisiones, esta celebración dejó un mensaje claro: el valor de estos espacios no se mide solo en horas de clase, sino en la transformación que generan.

Verano, receso y un objetivo intacto: calidad antes que cantidad

Con el ciclo cerrado, el equipo ya piensa en lo que viene. Algunos chicos pasarán a la escuelita de verano; otros retomarán en febrero. Pero la premisa se mantiene, firme y ética: “Siempre con cupo limitado. Apostamos a la calidad y no a la cantidad. No somos una recaudación: somos una escuela.”

Formar, contener, proyectar futuro

La escuelita ha logrado algo que pocos espacios consiguen: que sus chicos aprendan jugando, que crezcan en valores y que, cuando el talento aparece, tengan la oportunidad de escalar. Este año, ocho chicos ya están entrenando en las inferiores de Talleres de Córdoba: “Es súper gratificante. Ellos van allá, pero vuelven. Se sienten en casa, porque de acá salieron.”

Un cierre que no es un final

Hernán Negrete, junto a su equipo, lo resume con humildad: “Esto no es solo mío. Es de mi familia, de mis compañeros, de la gente que siempre nos apoya. Gracias a Dios nos va bien, y creo que eso significa que algo estamos haciendo bien.”

Y así, en Villa del Rosario, el cierre de la Escuela de Talleres termina siendo mucho más que una fiesta: es la confirmación de que cuando una comunidad abraza un proyecto, ningún recorte, ninguna incertidumbre y ningún temporal pueden apagarlo.

El autor:

El Diario del Pueblo

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