02/06/2026

“Papi, me vas a casar vos”: la emoción de un intendente al unir en matrimonio a su propia hija

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David Moreno, el mandatario de Piquillín, vivió este viernes una jornada que difícilmente olvidará. En una ceremonia cargada de simbolismo, el intendente fue el encargado de oficiar el matrimonio de su hija Malena, un acto que combinó su rol institucional con la máxima fragilidad de los vínculos familiares.

La gestión pública suele estar marcada por actos protocolares y firmas de expedientes, pero el viernes 29 de mayo, el Registro Civil de Piquillín fue escenario de un momento de una intensidad distinta. El intendente David Moreno, quien habitualmente lidera las uniones civiles de sus vecinos, debió afrontar la responsabilidad de unir en matrimonio a su propia hija, Malen. El encuentro, que comenzó con la tensión propia de la solemnidad del cargo, terminó transformándose en un relato profundamente humano sobre el crecimiento, el desapego y el rol de un padre que debe aprender a “soltar”.

Entre el protocolo y la emoción

Para evitar cualquier suspicacia técnica, pese a que en la normativa cordobesa no existen impedimentos explícitos, Moreno tomó una decisión de estilo: condujo la ceremonia y el acto protocolar, pero delegó la firma formal del acta a la segunda jefa del Registro Civil. “Lo decidimos así para evitar malos entendidos y ser correctos”, explicó el mandatario, quien confesó que el desafío principal fue mantener la compostura frente a la mirada de su hija.

“Tratamos de no mirarnos para no llorar los dos, porque se le iba a arruinar el maquillaje”, recordó entre risas y nostalgia. La elección de los novios de casarse en Piquillín —cuando inicialmente habían evaluado hacerlo en Río Primero— fue el regalo anticipado que llenó de ilusión al intendente. “Me temblaba la voz y me temblaba el pulso; estaba petrificado hasta que llegó el momento de declararlos marido y mujer. Ahí sí no pudimos contener más las lágrimas ambos”, admitió sobre el clímax de la ceremonia.

La lección de soltar

Más allá del rigor del Código Civil, el hecho tuvo un trasfondo de profunda madurez familiar. Moreno, quien se define como un padre “compinche”, admitió que nunca imaginó que ese día llegaría tan pronto. Sin embargo, la verdadera dimensión del cambio ocurrió horas después del civil, cuando los invitados se retiraron tras el almuerzo en casa de su abuelo.

“Me di cuenta de que Malen ya no vive más acá. Ahí me cayó la ficha”, relató el intendente con la honestidad de quien comprende que el rol de padre debe transmutar. El testimonio de Moreno resuena en la comunidad como una lección sobre las etapas de la vida: “Es duro, pero hay que soltar. Nosotros estamos para acompañar las decisiones de nuestros hijos, y si ella es feliz, yo soy feliz”.

Este acto no solo quedará en el archivo histórico del Registro Civil de Piquillín, sino que marca un antes y un después en la vida pública del mandatario. En un ejercicio de transparencia emocional, Moreno logró equilibrar la seriedad de su función con la calidez de un padre que, por un instante, dejó de ser el jefe comunal para convertirse, simplemente, en el hombre que entregaba a su hija a su nueva vida.

El autor:

El Diario del Pueblo

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