04/08/2026

Villa Santa Rosa apuesta a la inclusión real: un proyecto de panadería que abre caminos y emociona a toda la comunidad

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En el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, el CIAM fue escenario de la presentación oficial de un innovador programa socioinclusivo de panadería. El acto culminó con la entrega de certificados a los participantes del primer taller, en un momento cargado de emoción para los estudiantes y sus familias.

Villa Santa Rosa vivió este miércoles una tarde que quedará grabada en la memoria colectiva. No fue un anuncio más, ni una actividad institucional como tantas otras. Fue el nacimiento público de un sueño compartido: el nuevo proyecto de formación laboral socioinclusiva para personas con discapacidad, presentado en el CIAM ante un auditorio repleto de familias, vecinos, funcionarios y jóvenes protagonistas de esta historia.

La emoción fue un hilo conductor desde el inicio. Y cómo no: al finalizar la presentación, se realizó la entrega de certificados a los participantes de la primera capacitación, un gesto que convirtió el salón en un abrazo gigante. Algunos lloraron, otros rieron, muchos aplaudieron de pie. Pero todos, absolutamente todos, entendieron que estaban presenciando algo transformador.


Un proyecto que nació del deseo más simple y profundo: pertenecer

El programa —que comenzó llamándose “Incluir Pan y Pastas”— tiene un objetivo claro: promover la autonomía, el trabajo genuino y la inclusión social de jóvenes y adultos con discapacidad, a través de la formación en panadería. No se trata solo de amasar, hornear o vender productos. Se trata de descubrir capacidades, asumir responsabilidades, construir vínculos y, sobre todo, ganar un lugar activo dentro de la comunidad.

En la conferencia, las autoridades destacaron la importancia de este paso y el acompañamiento del Ministerio de Desarrollo Humano, que financió la compra de maquinaria y herramientas esenciales. Carolina Prado —coordinadora del Área de Discapacidad— y Julio Álvarez —secretario de Gobierno municipal y referente del proyecto— relataron con una mezcla de orgullo y asombro cómo el proceso, lejos de la burocracia interminable, avanzó con rapidez gracias a la convicción de todos los involucrados.

Esto es nuevo para nosotros, pero tenemos una ilusión enorme, y esa ilusión nos empuja”, dijeron.


Un taller que creció más de lo previsto y dejó enseñanzas inesperadas

Lo que comenzó con un pequeño grupo de jóvenes promotores terminó convirtiéndose en un espacio que duplicó la cantidad de participantes, obligando a desdoblar talleres, sumar manos y reinventar espacios.

Carolina repasó el camino: desde las primeras reuniones, pasando por actividades comunitarias, hasta el momento clave en el que los propios chicos eligieron su rumbo. La palabra “cocina” se repitió tantas veces que el destino quedó sellado. La panadería era el paso natural.

Sin equipamiento inicial, sin un espacio propio y con más ganas que recursos, comenzaron las clases. Los primeros productos —alfajores de maicena, galletitas pepitos, pepitas y pasta frola— nacieron solo con trabajo manual, paciencia y creatividad. Y salieron tan bien que pronto llegaron las primeras ventas en actividades municipales.

El dinero recaudado será administrado de forma transparente y cada participante recibirá su ganancia, un detalle que marca la diferencia: no es un taller recreativo, es una experiencia laboral real.


Fernando Pajón, el maestro panadero que se volvió guía

Una de las figuras más aplaudidas fue la de Fernando Pajón, el panadero que asumirá la formación técnica del proyecto. Con experiencia, calidez y una enorme capacidad para conectar con los participantes, Fernando ya dejó su sello en los primeros encuentros. Su intervención fue clara: “Para mí también fue un desafío. No sabía si ellos me iban a aceptar. Y fue inmediato: son increíbles. Aprenden rápido y tienen una energía hermosa”.

Su entusiasmo se contagió. La comunidad lo reconoce como el profesional ideal para llevar adelante esta etapa.


Un cierre que abrazó a todos

El momento más emotivo llegó con la entrega de certificados. Las familias, muchas de ellas presentes desde el primer día, celebraron cada nombre con lágrimas, aplausos y orgullo. Hubo fotos, abrazos y esa sensación única de que cuando un proyecto nace con amor, compromiso y escucha, la inclusión deja de ser discurso y se convierte en realidad.


Lo que viene

El proyecto ya cuenta con equipamiento, un equipo de trabajo comprometido y un grupo de participantes que demostró talento y entusiasmo. La meta inmediata es ambientar un espacio más amplio y seguir avanzando hacia la autonomía productiva.

Pero el verdadero logro ya está en marcha: personas con discapacidad creando, aprendiendo, trabajando, ganando su propio dinero y construyendo su lugar en una Villa Santa Rosa más justa, más abierta y más humana.

Y eso, sin dudas, es una noticia que merece ser contada.

El autor:

El Diario del Pueblo

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