13/07/2026

Regreso a las aguas de Ansenuza: el pejerrey vuelve a Mar Chiquita tras años de ausencia

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La laguna vuelve a ser escenario de un fenómeno natural largamente esperado: el hallazgo de ejemplares de pejerrey. El descenso en la salinidad, provocado por el aumento del caudal hídrico, reactiva la esperanza de recuperar el emblemático recurso pesquero que definió la identidad turística de la región.

La noticia corrió rápido por las calles de Miramar y los grupos de WhatsApp de los amantes de la pesca: este domingo, un ejemplar de pejerrey fue registrado en aguas de la laguna Mar Chiquita, marcando un hito que la comunidad local aguardaba desde hace años. Este hallazgo, aunque puntual, es interpretado por especialistas y vecinos como una señal contundente del cambio en las condiciones ecológicas del ecosistema.

El fenómeno es una consecuencia directa de la dinámica hídrica de la cuenca. Tras el significativo incremento del caudal de agua, que elevó el nivel de la laguna en más de un metro y medio, la salinidad del agua experimentó un retroceso drástico: pasó de los 120 g/L a los actuales 50 g/L. Este ajuste en la composición química del agua es lo que ha permitido, por primera vez en mucho tiempo, que las condiciones sean nuevamente tolerables para esta especie.

Un cambio de paradigma para la laguna

La historia de la Mar Chiquita es una crónica de ciclos extremos. Con niveles de salinidad que históricamente han oscilado entre los 25 g/L y los 360 g/L, la supervivencia de la fauna íctica siempre estuvo supeditada a la generosidad de las lluvias y el aporte de los ríos tributarios.

Es fundamental comprender que el pejerrey adulto tiene una capacidad de tolerancia máxima cercana a los 50-60 g/L. Si bien la cifra actual de 50 g/L —aún superior a la salinidad promedio del mar, que es de 35 g/L— marca el límite de la supervivencia, el hecho de que se haya logrado registrar un ejemplar vivo sugiere que el ambiente está volviendo a ser un escenario posible para la vida.

Más que pesca, una cuestión de identidad

Para Miramar, el regreso del pejerrey no es solo una curiosidad biológica; es el retorno de un motor social y económico. Durante décadas, la pesca del pejerrey de la Mar Chiquita no solo fue un atractivo turístico de primer nivel que movilizaba a miles de personas cada temporada, sino que formaba parte del ADN de la comunidad.

La posibilidad, aún incipiente, de volver a ver botes surcando la laguna con fines recreativos genera una expectativa renovada. No solo se trata de una actividad comercial, sino de la recuperación de un estilo de vida que fue el sostén de muchas familias durante muchos años.

¿El inicio de una recuperación?

Si bien la prudencia es necesaria —ya que la salinidad actual sigue siendo un desafío para la reproducción masiva de la especie—, el hallazgo de este domingo marca un punto de inflexión. El sector turístico local y las autoridades ambientales ven con optimismo este proceso, que dependerá fundamentalmente de que el nivel hídrico se mantenga estable o continúe en ascenso.

El regreso del pejerrey a la Mar Chiquita es, en esencia, la demostración de la resiliencia de la naturaleza y una oportunidad para que Miramar comience a planificar, con la cautela que el ecosistema exige, la reactivación de un patrimonio que es, por derecho propio, el símbolo más preciado de la región de Ansenuza.

El autor:

El Diario del Pueblo

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