Una misa que marca un tiempo de despedida y bienvenida en Villa del Rosario
La Parroquia Nuestra Señora del Rosario se reunirá en una celebración especial, presidida por el cardenal Ángel Rossi, para despedir al padre Héctor Espósito y dar la bienvenida al nuevo párroco, padre Julio Pereyra.

La Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario será escenario, este domingo a las 19 h, de una Santa Misa cargada de significado para la vida espiritual y comunitaria de Villa del Rosario. La celebración, que estará presidida por el cardenal Mons. Ángel Sixto Rossi, congregará a fieles de la ciudad y de la región en un momento que combina gratitud, emoción y renovación.
El encuentro tendrá un doble sentido profundamente humano y pastoral. Por un lado, será la misa de despedida del padre Héctor Horacio Espósito, quien durante su ministerio dejó una huella cercana en la comunidad, acompañando a familias, jóvenes y adultos en los momentos más importantes de su vida. Por otro, marcará la toma de posesión del nuevo párroco, el padre Julio Pereyra, que inicia su servicio con el respaldo y la oración de toda la feligresía.
La presencia del cardenal Rossi otorga a la celebración un marco especial, subrayando la relevancia del acontecimiento y el valor que la Iglesia diocesana asigna a este tiempo de transición. En la liturgia se conjugarán el agradecimiento por el camino recorrido y la esperanza puesta en una nueva etapa pastoral, en continuidad con la historia y la identidad de la parroquia.
Más allá del rito, la misa será también un espacio de encuentro comunitario, donde se expresan los vínculos construidos a lo largo de los años y se renueva el compromiso de caminar juntos. La invitación está abierta a todos los vecinos que deseen acompañar este momento significativo, que trasciende lo individual para convertirse en un gesto colectivo de fe y pertenencia.
En Villa del Rosario, la despedida y la bienvenida se unen en una misma celebración, recordando que la vida parroquial es un camino compartido, sostenido por la memoria agradecida y la confianza en el futuro. Un punto de inflexión que fortalece a la comunidad y reafirma su identidad, en torno a la fe, el encuentro y la esperanza compartida.