Marycarmen Donzino y Ramón Ávila, guardianes de la memoria
En el marco del 150º aniversario de la localidad, la emoción también tuvo nombre y apellido. Marycarmen Donzino y Ramón Ávila, investigadores incansables y descendiente directo del fundador, compartieron vivencias, recuerdos y el profundo sentido de defender la identidad trejense para las nuevas generaciones.
Obispo Trejo celebró 150 años de vida y, en medio de los festejos, la historia volvió a latir con fuerza. No solo en los actos, en los reconocimientos o en los símbolos, sino en las voces de quienes hace años trabajan, de manera silenciosa y desinteresada, para que el pasado no se pierda. Marycarmen Donzino y Ramón Ávila son parte fundamental de ese legado vivo.
“Todo ha sido muy emotivo”, expresó Marycarmen, aún atravesada por la intensidad del acto aniversario. “A veces, cuando uno está en la organización, se olvida de la emoción, pero hoy fue imposible no sentirla”. Para ella, el momento tuvo un significado especial: su esposo, Ramón, es descendiente directo —tataranieto— de José Manuel Celayes y Melchora Ludueña, los fundadores de este pueblo que hoy celebra un siglo y medio de historia.
Ambos vivieron la jornada con una mezcla de orgullo y responsabilidad. “Queríamos que la historia de Obispo Trejo se volviera a contar, que se pudiera palpar nuevamente, sobre todo para las nuevas generaciones”, explicó Marycarmen. Y ese objetivo se materializó en cada gesto, especialmente en el reconocimiento a las familias fundadoras, donde incluso el más pequeño de los presentes llevaba el apellido Celayes, símbolo de una herencia que sigue viva.
Para Ramón Ávila, el aniversario fue profundamente conmovedor. “Es muy importante y muy emocionante. Te toca la fibra íntima saber que venimos de esa gente que, hace más de 150 años, pensó crear un pueblo”, reflexionó. Recordó que la idea nació mucho antes de la fecha fundacional, en el seno de la familia Celayes Ludeña, y que la fe católica fue un pilar esencial en ese proceso. “Todo surge de una promesa, de una fe muy fuerte, inculcada especialmente por Melchora y su devoción a San Antonio”, destacó.
La celebración, coincidieron, estuvo a la altura de la historia. Valoraron el trabajo realizado por la Municipalidad y el acompañamiento de la comunidad, que permitió que el festejo se viviera “en toda su magnitud”. Pero la mirada de ambos no se detiene en el presente. Marycarmen aportó un dato que ya proyecta nuevos desafíos: en 2029 se cumplirán 200 años desde que esta familia se instaló en el territorio. “Nosotros somos los encargados de llevar estos datos al gobierno municipal, de insistir, de mantener viva la memoria. Ramón se ocupa de lo biográfico, de las fechas; yo le pongo la parte más humana”, explicó.
Obispo Trejo, remarcaron, tiene sobrados motivos para sentirse orgulloso: es el pueblo más antiguo de la Ruta 17, posee el primer monumento a Malvinas del país y también el templo más grande del corredor. “Con más razón tenemos que defender nuestra identidad trejense”, subrayó Ramón.
Convertidos en un verdadero equipo, intensificaron su trabajo tras la jubilación, aunque la pasión por la historia viene de mucho antes. Y ese compromiso dio un nuevo fruto: hace apenas unos días, Marycarmen presentó un libro dedicado a Melchora Ludueña. “Durante años nadie sabía quién era Melchora en Trejo. Hoy, gracias a este libro, empieza a ocupar el lugar que merece en nuestra historia”, señaló.
En los 150 años de Obispo Trejo, Donzino y Ávila no solo recordaron el pasado: lo hicieron presente. Porque un pueblo que conoce y valora sus raíces es un pueblo que sabe hacia dónde va. Y en esa tarea, ellos siguen siendo, con humildad y convicción, verdaderos guardianes de la memoria colectiva.