Nancy Herrera: la guardiana de los sabores tradicionales en La Tordilla
Con recetas heredadas de madre y suegra, y un despliegue familiar que moviliza a toda la casa, Nancy se ha convertido en un emblema gastronómico de la localidad. Su locro y sus empanadas, ya son una “marca registrada” que ningún visitante puede dejar de probar.

En La Tordilla, hablar de locro y empanadas tiene un nombre propio: Nancy Herrera. Lo que comenzó como una labor puertas adentro de su hogar, hoy se ha transformado en un fenómeno culinario que convoca a vecinos y visitantes por igual. Con una producción que demanda jornadas completas de dedicación y el apoyo incondicional de un equipo familiar que incluye a hijos, yernos, sobrinos y esposo, Nancy ha logrado consolidar una reputación basada en la autenticidad y el respeto por las tradiciones.
Durante la fiesta patronal en honor a San Isidro Labrador, la cocinera local demostró una vez más por qué su propuesta es garantía de calidad. Con una producción que alcanzó las 80 porciones de locro “con todo” y decenas de docenas de empanadas, Nancy se presentó por primera vez en un espacio público de la localidad, dejando atrás la intimidad de su cocina hogareña para compartir sus sabores con la comunidad. “Ya me conocen, ya saben; tengo mis clientes y nunca me faltan”, comentó con la sencillez de quien sabe que el boca a boca es la mejor publicidad.

El secreto está en la herencia
Para Nancy, la cocina no es solo técnica, es legado. Las recetas de sus empanadas —tanto dulces como saladas— y de su aclamado locro provienen directamente de las enseñanzas de su madre y su suegra. La diferencia entre sus propuestas radica en el detalle: mientras que las saladas llevan la clásica combinación de carne, cebolla, huevo picado y especias, las dulces incorporan la dulzura de las pasas de uva, un toque que, según la cocinera, es indispensable para mantener la identidad “criolla”.
El trabajo es arduo y comienza mucho antes de que el fuego se encienda. La preparación de los ingredientes requiere de un despliegue operativo que involucra a toda la familia, una red de contención que ella define como un pilar fundamental: “Es a mil todo el tiempo, pero gracias a Dios es una ayuda constante”. Esa dinámica familiar no solo facilita la producción masiva, sino que es el ingrediente extra que mantiene viva la tradición.

Un sello de calidad comunitaria
La relevancia de Nancy en La Tordilla trasciende lo puramente alimentario. En un mundo donde la comida rápida y los procesos industriales ganan terreno, su propuesta se erige como un refugio de identidad regional. La gente del pueblo ya conoce su forma de cocinar, sabe qué esperar de su mano y confía en el proceso artesanal detrás de cada porción.
Hoy, para Nancy Herrera, el mayor reconocimiento no está en las redes sociales ni en los grandes medios, sino en la fidelidad de sus vecinos que, al ver su estado de WhatsApp, ya saben que es día de sabores caseros. Su historia es un recordatorio de cómo la pasión, el trabajo en familia y el respeto por los saberes de los antepasados pueden transformar a una vecina común en una pieza esencial del patrimonio cultural y gastronómico de la región.