27/01/2026

Valentina Mentil, orgullo santarroseño que vuelve a danzar en Cosquín

Lee la nota en :4 Minuto/s, 46 Segundo/s

La bailarina de Villa Santa Rosa integra por tercer año consecutivo el Ballet Oficial del Festival Nacional de Folklore. Una historia de esfuerzo, emoción y raíces profundas que vuelve a poner al pueblo en el corazón del escenario mayor del país.

Cada enero, cuando la Plaza Próspero Molina se ilumina y el folklore vuelve a latir con fuerza, hay historias que se renuevan y otras que se afirman. Entre ellas, la de Valentina Mentil, bailarina de Villa Santa Rosa, que por tercer año consecutivo fue seleccionada para integrar el Ballet Oficial del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, uno de los espacios más exigentes y prestigiosos de la danza tradicional argentina.

“Es mucho orgullo poder estar una vez más conformando el ballet oficial. Este festival significa mucho para mí”, expresa Valentina con la voz cargada de emoción. Y no es para menos: aunque los años pasan y la experiencia se acumula, cada ingreso al escenario conserva intacta su intensidad. “Cada vez que piso Cosquín es una emoción tan grande que no puedo explicar lo que me genera en el cuerpo. En un segundo pasa por mi cabeza todo el proceso, las personas que me acompañaron en el camino”.

La confirmación de su lugar llegó tras una audición exigente, vivida con el corazón en la mano. “En el mismo momento nos decían quiénes continuaban en cada ronda. Fueron tres instancias y en la última, cuando escuché mi número, fue una intensidad de emociones: alegría, gratitud y la paz de haber sido elegida nuevamente”.

Ser parte del ballet implica no solo talento, sino una entrega física y emocional constante. “Es mucha exigencia y se vuelve difícil con el pasar de los días, pero a la vez es tan hermoso compartir con todos. Para mí fue clave recordar todo lo que trabajé para volver a estar y el apoyo incondicional de mi familia”, señala.

Ese sostén familiar aparece como un pilar fundamental en su recorrido, especialmente la figura de su padre. “Me ha dado todo para crecer como persona y como artista. Siempre me alienta, no importa cuál sea el objetivo. De él aprendí a no rendirme y a confiar en que con trabajo puedo lograr lo que me proponga”.

A pesar de pisar uno de los escenarios más importantes del país, Valentina no pierde de vista sus raíces. “Siempre tengo presente el lugar del cual vengo, la gente con la que crecí en la danza y quienes me formaron en mis primeros años. Es un orgullo representar a mi pueblo en un escenario tan mágico como Cosquín”.

Ese sentimiento es recíproco. Desde Villa Santa Rosa, el cariño llega de múltiples maneras. “La gente del pueblo me hace llegar su afecto y eso me recuerda que también tengo la responsabilidad de representar y de generar orgullo, no solo por mí, sino por la cantidad de artistas que se forman y por quienes han tenido que irse lejos de sus familias para seguir este camino”.

Dentro del ballet, la vivencia se transforma en una verdadera celebración colectiva. “Desde adentro lo vivimos como una fiesta, como el gran encuentro del país, donde se unen danza, cultura, historia y tradición. Es la representación viva de nuestra identidad”.

Cada una de las nueve noches sobre el escenario tiene un peso especial. “La emoción es muy grande. Bailamos por nuestro trabajo, por quienes sueñan con subir allí, por la gente que nos acompaña desde la platea o desde sus casas. Cuando veo la inmensidad de la plaza, agradezco a mi yo niña que no se rindió y confió”.

Mirando hacia adelante, Valentina reafirma su convicción: vivir de la danza es posible. “Este escenario me lo confirma. Compartir con otros bailarines, directores y coreógrafos es una experiencia hermosa”. Y sueña con seguir formándose para transmitir ese amor por la danza y su historia a nuevas generaciones.

A quienes comienzan, les deja un mensaje claro: “Que trabajen mucho por lo que quieren, que lo hagan por ellos. Que no dejen que nadie tire abajo sus sueños. Con trabajo, son posibles”.

Hoy, Villa Santa Rosa vuelve a verse reflejada en cada zapateo, en cada giro y en cada aplauso. Porque cuando Valentina Mentil danza en Cosquín, no lo hace sola: lo hace con la historia, el esfuerzo y el orgullo de todo un pueblo.

El autor:

El Diario del Pueblo

administrator
Previous post La Fiesta de la Picada y la Cerveza Artesanal ya tiene su grilla: dos noches de música, sabores y carnaval
Next post Arroyito se vuelve peatonal y celebra el verano a cielo abierto