16/04/2026

Un adiós que deja huella y una bienvenida llena de esperanza: Villa del Rosario vivió una misa histórica en su Basílica

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Con una emotiva celebración presidida por el Cardenal Ángel Sixto Rossi, la comunidad despidió al Padre Héctor Espósito tras más de siete años de servicio pastoral y dio la bienvenida al nuevo cura párroco, Padre Julio Pereyra. Una jornada atravesada por la gratitud, la fe y la renovación espiritual.

Villa del Rosario fue escenario de una celebración profundamente significativa para su vida espiritual y comunitaria. En la Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario, colmada de fieles, se celebró la misa de despedida del Padre Héctor Espósito y la toma de posesión del nuevo cura párroco, el Padre Julio Pereyra, en una ceremonia presidida por el Cardenal y Arzobispo de Córdoba, Monseñor Ángel Sixto Rossi.

No fue una misa más. Fue un momento de cierre y de comienzo, de emoción compartida y de fe viva. La comunidad acompañó al Padre Héctor Espósito en el final de una etapa que marcó profundamente la historia reciente de la Basílica y de Villa del Rosario, luego de más de siete años de servicio pastoral caracterizado por la cercanía, la palabra justa y la oración constante.

Días antes, la noticia de su traslado a la ciudad de Córdoba había llegado en forma de comunicado. Con palabras sencillas y tono sereno, el sacerdote anunció el nuevo destino pastoral solicitado por el Arzobispo, decisión que también contempla el cuidado de su salud física. “Agradezco profundamente a Dios y a cada uno de ustedes por el camino compartido”, expresó, dejando en claro que la despedida no es un adiós definitivo, sino el inicio de una nueva misión vivida desde la fe.

Reconocido en todo el país por su pertenencia al movimiento carismático de la Iglesia Católica, el Padre Espósito se convirtió en una figura central para Villa del Rosario. Sus misas de sanación, multitudinarias y profundamente emotivas, trascendieron el ámbito local y posicionaron a la Basílica como un espacio de referencia espiritual para fieles de distintas provincias. Su mensaje, centrado en la esperanza, la oración y la cercanía pastoral, encontró eco en generaciones enteras.

Licenciado en Teología Espiritual, conductor de ciclos en Radio María Argentina, rector de instituciones educativas y formador de seminaristas, su vocación se expresó siempre desde una convicción clara: el sacerdote como pastor cercano al dolor humano y comprometido con la sanación integral de la persona.

Durante la celebración, la voz de la comunidad religiosa se hizo presente con un mensaje cargado de emoción y gratitud, que sintetizó el sentir colectivo: “Hoy no es un adiós cualquiera. Es un momento de gratitud profunda, de memoria agradecida y de reconocimiento sincero por más de siete años de servicio, entrega y amor pastoral entre nosotros. Gracias por habernos guiado espiritualmente con la palabra justa, con la oración constante. Por estar presente en los momentos de alegría y también en las dificultades, acompañando siempre con cercanía, escucha y fe.”

El mensaje destacó especialmente el compromiso del sacerdote con la Basílica y su historia:
“Agradecemos su preocupación permanente por nuestra Basílica: por las mejoras, los arreglos, el cuidado de cada espacio, pero sobre todo por haber sabido revalorizar la historia y a las personas que hicieron y hacen posible este lugar tan querido. Supo recordarnos que la Basílica no es solo un edificio, sino sede de una comunidad viva”.

Las palabras cerraron con un deseo que resume el vínculo construido: “Gracias por ayudarnos a mirar con respeto el pasado, a comprometernos con el presente y a soñar con esperanza el futuro. Su paso deja huellas visibles, pero también huellas profundas en nuestros corazones. Que el Señor lo acompañe en la nueva misión que emprende y que lleve siempre consigo el cariño y la oración de esta comunidad”.

En ese mismo altar donde se pronunciaron palabras de despedida, Villa del Rosario abrió también su corazón a la bienvenida. El Padre Julio Pereyra asumió formalmente como nuevo cura párroco, en un reencuentro cargado de emoción, esperanza y confianza. La comunidad vuelve a recibirlo con los brazos abiertos, acompañándolo en esta nueva etapa pastoral.

La misa fue, al mismo tiempo, despedida agradecida y comienzo renovado. Porque la vida de la Iglesia se construye también en estos gestos: honrar el camino recorrido, reconocer a quienes dejaron huella y animarse a seguir adelante.

La partida del Padre Héctor Espósito cierra un capítulo intenso y fecundo para Villa del Rosario. Quedan las enseñanzas, las celebraciones compartidas, las oraciones que unieron corazones y el testimonio de un pastor que supo caminar junto a su pueblo. Y queda la certeza de que cuando la fe se vive con entrega sincera, trasciende los lugares y permanece viva en el corazón de la comunidad.

El autor:

El Diario del Pueblo

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