01/09/2026

Carrilobo convirtió al queso en una fiesta y mostró la fuerza productiva de la localidad

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El primer Q’Fest reunió a productores, familias, instituciones y público en una celebración que buscó poner en valor la industria láctea local. Quesos con décadas de historia, un ejemplar de más de 70 kilos, dulce de leche artesanal y miel fueron parte de una propuesta que proyecta continuidad.

Carrilobo vivió el viernes 21 de agosto una noche que puede marcar un antes y un después para su identidad productiva. El primer Festival del Queso, Q’Fest, reunió a productores locales y de la región, familias, instituciones y visitantes en una celebración que tuvo al queso como protagonista, pero que terminó mostrando mucho más: la historia, el trabajo y la capacidad emprendedora de una localidad profundamente ligada a la producción láctea.

La propuesta combinó gastronomía, degustaciones, exposición de productos, música y espectáculos. La presentación de Lucio El Indio Rojas fue uno de los momentos centrales de la jornada, que luego continuó con el baile de Dale Q´Va y una fuerte participación de la comunidad.

Para el intendente Leonardo Clara, el resultado superó las expectativas.

“Es una apuesta gigante. Era la primera jugada y nadie sabía cómo iba a salir”, expresó el jefe municipal al evaluar la primera edición.

Y hubo una señal concreta de que el festival encontró rápidamente su lugar: los espacios quedaron chicos.

Clara contó que recibió numerosas sugerencias para pensar una segunda edición con mayor capacidad, incluso con una propuesta al aire libre. La intención, adelantó, es comenzar a trabajar con tiempo para que el próximo Q’Fest pueda involucrar todavía más a las instituciones y a toda la comunidad.

El queso como identidad

Uno de los grandes atractivos de la noche fue conocer quiénes están detrás de los productos que llegan diariamente a las mesas de los consumidores.

Entre los expositores estuvo Golácteos, una empresa familiar que llevó al festival un desafío que rápidamente se convirtió en una de las grandes atracciones: un queso de más de 70 kilos.

Alejandro, uno de los propietarios, explicó que la elaboración de piezas de estas dimensiones exige especial cuidado durante el moldeo para evitar que el producto se rompa. Pero el verdadero secreto, señaló, está en el tiempo.

“El secreto está en la maduración”, destacó.

La empresa tiene una historia profundamente vinculada a Carrilobo. Sus integrantes llevan alrededor de 30 años elaborando quesos y aproximadamente seis décadas ligados a la producción de leche.

Actualmente trabajan con quesos duros, semiduros y blandos, además de crema. Sus productos llegan a distintos puntos del país, con presencia en Córdoba, Buenos Aires, Salta, La Rioja y otras provincias.

Detrás de esa expansión hay también una historia familiar.

Alejandro recordó que su padre siempre soñó con alejarse de la venta de materia prima y avanzar hacia la industrialización. No llegó a concretar aquel proyecto, pero pudo acompañar a sus hijos cuando ellos lo hicieron realidad.

Hoy la empresa continúa con la participación de distintas generaciones.

“Sueño cumplido”, resumió Alejandro al mirar el camino recorrido.

Una empresa que nació en 1927 y ya va por la cuarta generación

Otra de las historias que dejó Q’Fest fue la de Escálugiu, una familia quesera de Carrilobo cuya trayectoria comenzó en 1927.

Luisina, integrante de la cuarta generación, contó que la empresa nació con sus bisabuelos y que, con el paso de las décadas, fue construyendo una identidad basada en la producción familiar.

El emprendimiento cuenta con tambo propio y apuesta especialmente por la calidad de la materia prima: leche de vaca alimentada a pasto.

Elaboran quesos de pasta dura, semidura y variedades condimentadas. Además, desarrollaron una propuesta comercial que busca acercar el producto al consumidor de una manera diferente, con conitos y barritas de queso, junto con piezas especiales destinadas a vinotecas, delicatessen y comercios especializados.

La producción es deliberadamente pequeña: alrededor de 3.000 litros diarios.

No se trata de competir solamente por volumen, sino de sostener una identidad.

“Lo mamamos de chiquitos y acá seguimos. Nos encanta, es nuestra pasión”, contó Luisina.

Una frase que sintetiza buena parte de lo que Q’Fest buscó mostrar: detrás de cada queso existe una historia familiar.

CLEF: casi 80 años transformando leche en queso

La Cooperativa Lechera CLEF también formó parte de la primera edición.

La institución se encamina a cumplir 80 años, ya que fue inaugurada en 1948. Su presencia en Q’Fest permitió mostrar una escala productiva diferente, pero igualmente vinculada a una tradición regional.

Actualmente procesa alrededor de 18.000 litros de leche diarios, cerca de 500.000 litros mensuales, que se transforman en aproximadamente 50.000 kilos de queso por mes, dependiendo del rendimiento de cada variedad.

La mozzarella ocupa un lugar central dentro de su producción y tiene una fuerte presencia comercial en Córdoba. También elaboran quesos duros y semiduros como romanitos, sardos y provolín, además de variedades como holanda y cremoso.

Sus productos llegan también a distintos puntos de Santa Fe y Rosario.

Pero más allá de los números, en CLEF aparece otro rasgo común a muchas empresas de la región: la continuidad generacional.

Ya trabajan allí hijos de quienes participaron de los primeros años de la cooperativa.

Un emprendimiento que apenas cumple un año y ya se anima a crecer

Q’Fest no fue solamente quesos, también abrió espacio para otros productores locales y quienes recién están comenzando.

Es el caso de Dulce de Leche El Mataco, un emprendimiento familiar de Carrilobo que acaba de cumplir su primer año.

La iniciativa nació a partir de una idea del padre de Benjamín, vinculado desde hace años a la industria quesera. El proyecto comenzó con dudas, conversaciones y muchas pruebas, pero poco a poco empezó a encontrar su camino.

Elaboran dulce de leche clásico y repostero, aunque para el festival decidieron presentar opciones saborizadas: variedades con whisky, café, cacao y chips de chocolate.

La producción ronda actualmente los 40 kilos semanales, con expectativas de seguir creciendo.

Benjamín, que estudia Agronomía en Córdoba, combina sus estudios con el trabajo familiar cada vez que regresa al pueblo.

Es otra postal del interior productivo: jóvenes que estudian, regresan a su localidad y encuentran en un emprendimiento familiar una posibilidad de construir futuro.

Más de 40 años detrás de una cucharada de miel

La diversidad productiva quedó todavía más clara con la presencia de Criadero Don Luis, emprendimiento apícola de Carrilobo.

Pedro Mecchia lleva más de 40 años dedicado profesionalmente a la producción de miel y prácticamente toda su vida vinculada a la actividad.

La tradición también viene de familia: su abuelo era apicultor y su padre continuó parcialmente con la actividad. Pedro decidió seguir aquel camino.

Sus colmenas están ubicadas en campos de la zona y la producción se basa principalmente en floraciones de alfalfa y girasol, dando lugar a una miel multifloral.

En años favorables, alcanza rendimientos de entre 35 y 40 kilos por colmena, aunque recuerda épocas muy difíciles en las que apenas se obtenían 7 o 10 kilos.

Además de la miel, el emprendimiento presentó preparaciones con frutos secos, como almendras y nueces.

Una parte de la producción se comercializa localmente y, cuando los volúmenes lo permiten, llega a exportadores.

La marca, Don Luis, es un homenaje a su abuelo.

Una fiesta que también fue una apuesta comunitaria

Para Leonardo Clara, el éxito de Q’Fest no puede explicarse solamente por los espectáculos o la convocatoria.

El intendente destacó especialmente el compromiso de las instituciones y de los vecinos.

Bomberos, el Consejo Joven, productores, industrias lácteas y vecinos participaron de una jornada que requirió trabajo y organización.

Uno de los aspectos que más resaltó fue la participación de los jóvenes.

“Son adolescentes que estuvieron divirtiéndose pero también trabajando, y eso es muy importante”, sostuvo Clara al referirse al Consejo Joven.

También valoró el acompañamiento de los Bomberos Voluntarios y de los aspirantes, entendiendo que la construcción de una fiesta de estas características excede largamente a la organización municipal.

Para el intendente, ocupar circunstancialmente ese lugar implica aprovechar el tiempo para generar iniciativas que puedan permanecer más allá de una gestión.

“Es una ventanita de tiempo para hacer todo lo que podamos por el pueblo”, afirmó.

El desafío ahora es que la primera edición no sea la última

Q’Fest terminó dejando una certeza y un desafío.

La certeza es que Carrilobo tiene una historia productiva capaz de ser contada y una industria láctea que genera trabajo, identidad y productos que trascienden las fronteras de la localidad.

El desafío es convertir esa primera experiencia en una celebración con continuidad.

El propio Clara reconoció que la capacidad prevista en el Salón Municipal quedó rápidamente superada y que será necesario pensar una estructura mayor para el próximo año.

La idea ya está planteada: más espacio, mayor planificación, participación de las instituciones y una convocatoria que pueda consolidar al festival como una referencia regional.

Porque detrás de un queso de 70 kilos, de una mozzarella, de un dulce de leche artesanal o de un frasco de miel hay mucho más que un producto.

Hay familias, generaciones, trabajadores, emprendedores y una localidad que decidió mostrarle a la región de qué está hecha.

Y quizás allí esté el verdadero valor de esta primera edición de Q’Fest: Carrilobo no solamente organizó una fiesta. Abrió una vidriera para mostrar su identidad y su potencial productivo.

El autor:

El Diario del Pueblo

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