19/06/2024

Gabriel Figueroa: el artista templense que emociona en la Peatonal cordobesa

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El joven violinista fue invitado especialmente por Jorge “El Toro” Quevedo a su homenaje realizado en el Teatro Real, en donde fueron ovacionados por el público presente que los aplaudió de pie. La historia de resiliencia y superación del artista que asegura que “la música sana”.

Este sábado 1 de junio el Teatro Real fue el lugar elegido para reconocer la trayectoria artística de Jorge “Toro” Quevedo. Lo hizo la Legislatura por su aporte a la música popular cordobesa en una emotiva ceremonia donde el artista brindó un show con invitados especiales.

Uno de ellos fue Gabriel Figueroa, músico oriundo de Santiago Temple, radicado en el último tiempo en la ciudad de Córdoba donde logró mayor reconocimiento al elegir las calles de la ciudad capital como escenario para sus shows a la gorra.

Gabriel tiene dos hermanos más y mientras vivió en el pueblo del departamento Río Segundo trabajó en una pollería durante los días de semana, y los fines de semana tocaba con el grupo que habían conformado y al que decidieron denominar: “Los Hermanos Figueroa”.

La banda se formó cuando él terminó el secundario hasta que en 2015, cuando tenía 19 años un accidente cambiaría la historia de su vida: “Fue un 1 de agosto”, precisa.

A raíz de ese hecho, Gabriel debió permanecer internado durante un año y medio: “Tres meses en el Allende y el resto en un Centro de Rehabilitación. Fue un montón”, comparte.

Una vez dado de alta, regresó a su pueblo donde permaneció durante unos seis meses “pero ya tenía en mente irme a Córdoba a hacer alguna carrera”, sostiene. Así fue como tomó la decisión de ir tras de su sueño, junto con su hermano con quien compartieron tres años de convivencia en la capital, y mientras uno estudiaba el otro trabajaba.

Comenzó cursando Ingeniería Biomédica pero en su interior sabía que no era eso lo que quería ser, sino músico. Así fue como abandonó la carrera e inició un profesorado en la Facultad de Artes.
Y si bien su capacitación era uno de los motivos que lo impulsaron a dejar el pueblo para radicarse en la ciudad, la otra razón era que los mejores centros de rehabilitación “más especializados” se encontraban en la capital.

La música estuvo presente en su vida desde niño. Sus recuerdos se remontan a sus primeros años de vida tocando algún instrumento y cantando. Fue a los 11 añitos que subió por primera vez a un escenario, participando en veladas y actos escolares. “En ese tiempo era mariachi asi que tenía el sombrero que era más grande que yo”, relata entre risas.

Al llegar su adolescencia, dejó la música. Cursó el secundario en Arroyito y eso le demandaba mucho tiempo porque el colegio era doble turno y viajaba desde Santiago Temple todos los días, saliendo a las 6 de la mañana y regresaba a las 7 de la tarde: “Ahí prácticamente desapareció la música, ya no volví a cantar”.

El esfuerzo que le requería ir a ese colegio, hizo que se cansara y decidiera cambiar de institución, terminando sus estudios de nivel medio en su pueblo. Ello le permitió volver a la música, y esta vez lo hizo con un violín, integrando nuevamente el grupo familiar “Los Hermanos Figueroa”. Tenía 17 años.

El accidente y el “poder sanador” de la música

Fue en 2015 cuando Gabriel tenía 19 años. Sobre el hecho no tiene recuerdos, sólo repite que “el casco” lo “salvó”, y aunque eran pocas sus posibilidades de sobrevivir, lo logró. Las mayores lesiones fueron en su columna que se fracturó a nivel cervical y dorsal, impidiéndole caminar, entre otras complicaciones.

“Estuve en estado crítico, 10 o 15 días en coma, un mes y medio en terapia intensiva. Cuando salí un poco de ese estado, empecé a intentar tocar el violín que era mi mayor temor porque entre las lesiones había tenido una a nivel cervical que me afectaba las manos”, detalla el joven artista.
“A esa altura yo estaba enamorado del violín”, enfatiza.

En ese momento, Gabriel sólo podía mover sus ojos y apenas sus brazos y manos, sin nada de fuerzas por lo que debían ayudarle a levantar el instrumento.

“Estuve mucho tiempo acostado, y poder tocar el violín me generaba una satisfacción muy grande y fue lo que me ayudó a salir adelante, asi que todos los días tocaba. Era un violín eléctrico para no hacer tanto ruido”, indica.

Así se ganó el reconocimiento de los pacientes de las otras habitaciones, que lo identificaban como “el chico del violín”. En cierta oportunidad, una enfermera llevó su guitarra y lo acompañó. “Dentro de lo mala que era la situación, había cosas muy lindas, por eso digo que una de las cosas que me sacó adelante, fue la música”, remarca.

Con el tiempo fue evolucionando, recuperando la fuerza y pudiendo tocar mejor, hasta que pudo tocar sentado -con asistencia- lo que celebró como “uno de mis más grandes logros”. Lo más destacable es que Gabriel a través de la música no sólo se iba sanando a sí mismo, sino que también lo hacía con los otros pacientes del centro de rehabilitación.

“Por las tardes yo les tocaba canciones y todos se alegraban, a todos les hacía bien, y eso demuestra que la música sana. Lo hizo en mí y lo hacía en todos los pacientes, y lo hace en un montón de otras situaciones como así también sucede cuando toco en la calle con un montón de gente”, asevera sin dudas Gabriel.

Volver a empezar

Actualmente Gabriel estudia el profesorado de Música en la Facultad de Artes de la ciudad de Córdoba mientras continúa su rehabilitación. Al mismo tiempo trabaja como músico callejero en la peatonal de la ciudad donde “la respuesta de la gente es excelente. Me va muy bien. Todos los días me dejan buenas energías, buenas ondas, caricias al alma, y yo tengo la dicha y la suerte de poder devolver un poco de todo eso a través de mi música, asi que es mi trabajo soñado, es muy lindo, me encanta”, expresa con emoción y agradecimiento.

Tocar en la calle le permite acomodar mejor sus tiempos de rehabilitación y facultad, por eso se animó a salir a la calle. La primera vez que lo hizo fue durante el Festival de Jesús María, a las 6 de la mañana, cuando todos salían del anfiteatro. “No podía haber sido mejor, todo el mundo se quedó, cantando, bailando. Había una multitud viéndome. Fue un empujón tremendo”, describe.

Después siguió en Cosquín, en Villa Carlos Paz, recogiendo el cariño y admiración del público que valoraba su tremendo talento. En marzo de 2023, al iniciar de nuevo el cursado en la Facultad, comenzó en la peatonal de Córdoba.

Gabriel sueña con poder salir del país llevando su música y su arte más allá de las fronteras. Trabaja y estudia mucho para ello, convencido de que “muchas cosas lindas me esperan”.

La invitación del Toro Quevedo

Mientras estaba tocando en Dean Funes y Rivera Indarte, apareció Jorge con su representante que lo estaban observando. Gabriel no se había percatado de ello. Cuando la gente terminó de saludarlo y felicitarlo, el artista se acercó “medio camuflado”, por lo que no lo reconoció y saludó como a uno más.

Fue el representante quien le contó que lo habían estado observando, y ahí fue cuando el Toro lo invitó a su homenaje. “El Toro es el ídolo de mi papá, asi que fue muy importante para mí. Después de un breve ensayo, pude subir al escenario del Teatro Real y compartir ese momento hermoso”, afirma.

Al terminar “A mi manera”, todo el público se puso de pie de manera espontánea, ovacionando al dúo: “Es un momento que nunca voy a olvidar”, puntualizó agradecido por la oportunidad.

El autor:

El Diario del Pueblo

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