25/06/2022

Recorrido por un criadero de nutrias en Miramar de Ansenuza

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Durante la Fiesta Provincial de la Nutria, los visitantes pudieron conocer todo el proceso desde la cría hasta la elaboración de un plato con carne de nutria gracias a la iniciativa de la familia Calcaterra de ofrecer el circuito turístico.

Familia Calcaterra y su establecimiento de cría de nutrias.

Desde la carpa central donde se desarrolló la edición 2022 de la Fiesta Provincial de la Nutria se podía tomar el trencito para ir hasta el establecimiento de la familia Calcaterra, ubicado en el ingreso a la localidad de Miramar de Ansenuza.

Allí una guía esperaba a los visitantes para comentarles todo el proceso de cría, familias, corrales; como así también la historia de los criaderos que llegaron a contarse de a cientos en el pueblo hasta llegar a casi desaparecer.

Luego, los turistas pudieron degustar cada uno de los productos artesanales producidos por Las Tres Hermanas, destacándose el escabeche de nutria pero también las mermeladas y el nuevo producto gourmet: dulce de leche casero con chocolate.

Tras todo el circuito, volvían en trencito a la fiesta, para seguir disfrutando de las actividades propuestas.

El criadero de la Ricardo y Mariela puede ser visitado todo el año, y en fechas especiales, se organizan degustaciones para que los visitantes puedan deleitarse con cada uno de los productos que elaboran de manera totalmente artesanal, con recetas tradicionales que denotan el sabor a «abuela».

UN POCO DE HISTORIA

La cría de nutrias surgió por la venta de las pieles llegando a contarse de a cientos los criaderos existentes en el pequeño Miramar. Hoy la venta de pieles es casi nula, pero se reactivó la actividad por la exquisita carne del animal que incluso dio origen a la Fiesta Provincial de la Nutria.

Sólo cinco criaderos lograron subsistir y lograron reinventarse para dar pelea a una realidad que acabó con una industria pujante: la venta de pieles de nutria, con la que se confeccionaban abrigos, chalecos, sacos, camperas y carteras.

La actividad comenzó a desarrollarse en la zona en la década de 1920, cuando alemanes que venían desde la ciudad de Buenos Aires, cruzaban la laguna hacia la desembocadura del Río Dulce para cazar nutrias silvestres y vender su piel, que era muy requerida en Europa.

Los lugareños comenzaron a imitar la acción, hasta llegaron a atraparlas para criarlas en el pueblo, adaptándolas al cautiverio.

30 años después, se producían para exportación, entre 150 y 180 mil pieles por año.

Para mejorar el desarrollo del animal, se importaron nutrias de Europa y Brasil, logrando -después de muchas cruzas con los ejemplares locales- obtener una mutación color «cognac», de gran desarrollo y precocidad.

Este cruzamiento le dio más valor a la nutria silvestre, ya que en menos de un año se lograban animales de cinco a seis kilos de peso vivo, con un rendimiento de 3.5 kilos de carne, y cueros de 80 centímetros de largo.

Ante tan floreciente industria, para la década de 1970 existían más de un centenar de criaderos.

Pero la gran inundación que se dio entre 1976 y 1984, provocó la paralización obligada de la actividad, que resurgió a mediados de los ´80, con la moda de los tapados de piel en el mercado interno.

Tan solo unos años después, en la década del ´90, la actividad comenzó su declive debido a varios factores, donde uno fue la influencia de grupos ecologistas que reclamaban la prohibición del uso de pieles de animales, sin tener en cuenta que se trataba de animales de criaderos y no de hábitats naturales.

Así fue como comenzaron a cerrar, y los pocos que resistieron se comenzaron a centrar en la producción de carne de nutria, ya que cada vez la piel valía menos.

Uno de los criaderos más importantes actualmente, es el de la familia Calcaterra. Allí Ricardo adquirió el establecimiento en 1963 luego de venir a pasear a Miramar desde Rosario (de donde era oriundo). Le gustó el lugar y compró el criadero que estaba en venta.

Actualmente cuentan con 150 corrales de familia, donde en cada corral hay un macho con varias hembras, donde la condición para evitar peleas y que se coman a las crías, es que las hembras sean hermanas, para que todas tengan el mismo ciclo y todas queden preñadas al mismo tiempo.

El corral se arma a los nueve meses de nacimiento de la hembra, al tener el primer celo. Al tener las crías, el macho continúa con la familia porque la hembra no acepta a otro.

La alimentación es totalmente natural, con base de granos y alfalfa, y en cada corral hay una pileta con agua donde se higienizan de manera constante.

Los animales se producen por la carne y por la piel, pero desde hace décadas la piel debe tirarse ya que no hay mercado, aunque con ella se pueden producir distintas prendas y carteras. «La última venta de pieles la hicimos en 2015 y ahora como contamos con una cámara de frío las estamos acopiando por si en algún momento surgen de nuevo las ventas», anhela Calcaterra.

Desde este criadero se abastece al Mercado Norte de la ciudad de Córdoba y la principal venta es en el Mercado de Rosario (Santa Fe). En cuanto a las propiedades de esta carne, los más reconocidos chefs del país presentan en cada edición de la Fiesta Provincial de la Nutria, gran variedad de platos, dando cuenta de la nobleza del producto.

El autor:

El Diario del Pueblo

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