30/05/2026

A un año de la tragedia en Río Primero, el dolor sigue intacto y crece el reclamo de justicia

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Este 12 de abril se cumple un año de la muerte de dos operarios en una fábrica de dulce de leche en Río Primero. La conmovedora carta de la madre de Adrián Loza reaviva el pedido de respuestas y responsabilidades.

A un año del trágico hecho ocurrido el 12 de abril de 2025 en el predio industrial “La Blanca”, sobre la ruta provincial 10 en Río Primero, la comunidad vuelve a conmoverse con el recuerdo de Adrián Loza (35) y su compañero Santiago Vicintini (21), quienes murieron mientras realizaban tareas en una cisterna. El hecho, que aún espera definiciones judiciales, dejó profundas heridas en sus familias y reavivó en las últimas horas el reclamo de justicia a partir de una carta pública escrita por la madre de una de las víctimas.

La mañana de aquel sábado quedó marcada para siempre. Según la reconstrucción del hecho, los trabajadores se encontraban realizando tareas de limpieza en un depósito vinculado al proceso de lombricompostaje cuando uno de ellos comenzó a sentirse mal. Alcanzó a pedir ayuda. Su compañero acudió de inmediato, pero ambos terminaron desvanecidos dentro de la cisterna.

Las primeras hipótesis indicaron que habrían sido afectados por gases acumulados en el lugar, lo que provocó el fatal desenlace. Los cuerpos fueron retirados pasado el mediodía, en medio de un operativo que generó conmoción en toda la localidad.

A doce meses de ese episodio, el caso continúa bajo investigación en la Fiscalía de Distrito 2 Turno 3 de la ciudad de Córdoba, sin que hasta el momento se hayan difundido avances concluyentes sobre las responsabilidades.

En este contexto, la voz de la madre de Adrián volvió a poner el foco en la tragedia. A través de una carta cargada de dolor, reconstruyó las últimas horas con su hijo: “Se asomó para despedirse como siempre, sin saber que esa sería la última vez”, escribió.

El relato avanza entre recuerdos cotidianos y el impacto devastador de la noticia. La mujer describe la angustia de aquellas horas, la incertidumbre, el silencio y la falta de respuestas. “Nadie avisó. Nadie dio la cara”, expresó, en uno de los pasajes más duros.

La carta también plantea interrogantes que aún hoy resuenan en la comunidad: “¿Dónde estaban los que tenían la responsabilidad de cuidarlo? ¿Dónde estaba la seguridad que le debían garantizar?”.

El caso generó un fuerte debate en la región sobre las condiciones laborales y los protocolos de seguridad en ámbitos industriales. La muerte de los dos operarios expuso los riesgos de tareas en espacios confinados, especialmente en sectores donde pueden generarse gases tóxicos sin la debida ventilación o control.

Familiares, vecinos y organizaciones locales han insistido desde entonces en la necesidad de avanzar con la investigación y establecer responsabilidades claras. No se trata solo de esclarecer lo ocurrido, sino de evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.

La falta de definiciones judiciales a un año del hecho profundiza la sensación de impunidad que denuncian los allegados a las víctimas.

A un año de la tragedia, el dolor permanece abierto en Río Primero. La carta de una madre no solo revive la pérdida, sino que vuelve a interpelar a la sociedad y a la Justicia. Mientras las familias intentan reconstruir sus vidas, el reclamo sigue siendo el mismo: que se conozca la verdad y que haya justicia por Adrián y Santiago, para que ninguna otra familia tenga que atravesar una historia similar.

LA CARTA COMPLETA

Sábado 12 de abril, 5 a.m. Me levanté y desperté a mi hijo, Adrián Lazo, como todos los días para que se fuera a trabajar, pero él ya estaba despierto. Luego se levantó su papá; él ya estaba sentado en su cama. Antes de irse, se asomó por el pasillo para despedirse, como lo hacía siempre, sin saber que ese día sería la última vez que lo veríamos.

Después de hacer mis tareas, le preparé unos ñoquis que tanto le gustaban. Yo lo malcriaba, como toda madre.

A media mañana escuchaba sirenas y pensé: “Dios mío, ¿qué habrá pasado?”, sin imaginar que era mi hijo el que estaba en peligro, luchando por su vida.

Lo esperaba porque a las 10 h salía de trabajar, pero no llegaba. Pensé que estaba haciendo horas extras. Nunca imaginé que la razón era otra.

Un vecino se acerca a avisarle a mi marido que hubo un accidente en la fábrica donde trabajaba mi hijo. En ese momento, él salió desesperado hacia ese lugar, con la esperanza de que no fuera Adri.

Yo me quedé en casa porque estaba saliendo de una neumonía. Era un manojo de nervios, pero me repetía: “Si fuera mi hijo, nos hubieran avisado”. Pero nadie avisó. Nadie se acercó. Nadie dio la cara.

Llamo a mi marido y me dice que Adri estaba en una cisterna y que lo estaban por sacar. En ese instante, el mundo se me vino abajo.

Pasaban las horas y nadie me daba una respuesta. El silencio también es una forma de abandono.

Al rato llega a mi casa mi hija, Cinthia. Le insistí para que me dijera la verdad. Ya había pasado demasiado tiempo. Y entonces me dijo: “El Adri se fue con Javi (mi nieto que también falleció)”. En ese momento me arrancaron el corazón. Fue una pesadilla de la que todavía no despierto. Mi hijo no… no puede ser… el amor de mi vida.

Sentía que se me abría el pecho, que me moría. Yo, que siempre estuve atenta, que siempre lo cuidé.

Y me pregunto todos los días: ¿cómo pasó? ¿Dónde estaban los que tenían la responsabilidad de cuidarlo? ¿Dónde estaba la seguridad que le debían garantizar?

Adri y Santi fueron a trabajar. Salieron de su casa como cualquier día. Confiaron en que iban a volver. Pero no volvieron.

¿Dónde están los responsables? Porque si hubieran hecho su trabajo, si hubieran brindado un lugar seguro, hoy ellos estarían con sus familias. Porque el trabajo más importante de cualquier persona es volver a su casa.

Lo más doloroso, además de la pérdida, es la falta de respuestas. Ni siquiera fueron capaces de dar la cara. Ni una explicación. Ni un gesto de humanidad.

Y acá estoy, juntando los pedazos de mi alma, tratando de seguir después de perder a mi hijo, un chico lleno de vida, con un corazón enorme, que no merecía esto.

No pedimos venganza. Pedimos justicia.

Pedimos que se investigue, que se diga la verdad, que se determinen las responsabilidades y que esto no quede en la nada.

Porque nadie debería salir a trabajar y no volver.

Le pido a Dios justicia, para que esto no vuelva a pasar, para que ninguna otra familia tenga que atravesar este dolor por la irresponsabilidad de quienes no cumplieron con su deber.

Sé y confío en que la verdad va a salir a la luz.

Gracias, Señor, por ese hijo maravilloso que me diste. Lo amo y lo voy a amar siempre. Y digo que lo cuido, porque va a vivir en mí, en mi mente y en mi corazón para toda la vida.

Y acá sigo, de pie, esperando lo único que nos puede dar un poco de paz:

Justicia por Adri y Santi.

El autor:

El Diario del Pueblo

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