El silencio que duele y convoca: La Para marchó por Lisandro y Gaspar
En una caminata cargada de respeto y emoción, las madres de Lisandro Toledo y Gaspar Ruffinatti encabezaron la primera marcha de silencio en la localidad. Acompañadas por familiares, amigos y vecinos, encendieron velas y compartieron una carta que convirtió el dolor en un llamado colectivo a la conciencia.

La Para caminó en silencio este sábado 10 de enero. No fue una quietud vacía: fue un gesto profundo, sostenido por pasos lentos y miradas que decían lo que las palabras no alcanzan. Las madres de Lisandro Toledo y Gaspar Ruffinatti encabezaron la primera marcha de silencio desde el siniestro vial ocurrido el 10 de noviembre, cuando ocurrió el trágico hecho.
El recorrido reunió a familiares, amistades y a una comunidad que eligió acompañar. Sin consignas estridentes ni banderas, el gesto fue otro: estar, caminar juntos, sostener. Al finalizar, se encendieron velas y se leyó una carta que puso voz al duelo y, a la vez, a una responsabilidad compartida.
En pueblos donde todos se conocen, las ausencias pesan distinto. Lisandro y Gaspar no son una estadística: son historias truncas, mesas con lugares vacíos, proyectos que quedaron en pausa. La marcha no buscó señalar culpables desde el enojo, sino transformar el dolor en memoria activa. Ese fue el tono que marcó la jornada y que atravesó cada paso.
La lectura de la carta fue el momento más conmovedor. En ella, una madre habló desde su experiencia personal y profesional, recordando la fragilidad de la vida y subrayando un mensaje claro: el alcohol y el manejo no se mezclan. No como consigna legal, sino como verdad humana que deja consecuencias irreversibles.
La Para eligió el silencio para decir mucho. Eligió caminar para no olvidar. Y eligió convertir una herida abierta en un pedido urgente de cuidado. Porque cuando una comunidad acompaña, el dolor no desaparece, pero se vuelve compromiso.
A continuación, la transcripción textual de la carta leída durante la marcha:
“Hoy no estamos acá para señalar con odio, estamos acá para recordar con amor y para transformar el dolor en conciencia. Gaspar y Lisandro no son solo nombres, son hijos, abrazos que faltan, sonrisas que quedaron suspendidas en el tiempo y un amor que no se apaga.
Hablo como mamá. Nuestros hijos no son santos, eran chicos con errores, con vida, con sueños y eso no los hace menos dignos de vivir ni menos dignos de ser cuidados.Como enfermera veo todos los días lo frágil que es la vida. Un segundo, una decisión, una copa de más, volante en las manos equivocadas y todo cambia para siempre. Esta caminata no es solo por ellos, es para que nadie más tenga que caminar con el corazón roto como hoy caminamos nosotros.
El alcohol y el manejo no se mezclan, no porque lo diga una ley, sino porque detrás quedan madres, familias enteras vacías para siempre. Hoy caminamos en silencio, pero nuestro silencio habla. Cada paso es memoria y cada recuerdo es un pedido claro: que nadie más falte por una decisión evitable.
Mamás en dolor, gracias a todos por venir”.