Sebastián Vázquez, el portero de Pilar que se convirtió en profesor
Actualmente da clases de Historia en cinco colegios después de haber sido portero en una escuela durante más de dos décadas y hasta hace apenas un mes. Una historia que inspira y homenajea en su día a todos los profesores.

Cada 17 de septiembre se conmemora el Día del Profesor en Argentina en homenaje a José Manuel Estrada, un educador, escritor, político e intelectual argentino que falleció en esa fecha en 1894. Su figura es reconocida por sus valiosos aportes a la educación argentina, promoviendo la difusión de la enseñanza para todos los ciudadanos y consolidando el sistema educativo.
En reconocimiento a cada educador, compartimos la historia de Sebastián Vázquez, un profesor de la ciudad de Pilar, en el departamento Río Segundo, que durante 23 años trabajó como portero en una escuela de su localidad.
Sin embargo, él soñaba con ser profesor, con pararse frente a los alumnos y poder enseñar lo que tanto le apasiona como es la historia. Pero no era fácil: había abandonado sus estudios en tercer año de la secundaria y empezado a trabajar.
La situación económica de la familia era complicada, tanto que había días en que apenas alcanzaba para una sola comida. Trabajó en todo cuanto pudo, desde una panadería, tareas rurales, y otros oficios, hasta que ingresó como portero de una escuela siguiendo la misma tarea de su padre.
A los 41 años, en 2014, tomó la decisión de terminar el secundario en el Centro de Estudios de Nivel Medio para Adultos -CENMA- de Pilar, y no fue sin miedos, sin incertidumbre, creyendo por momentos que no lo iba a lograr.

Sin embargo fue en esas clases que redescubrió su amor por la historia, siendo su profesor Daniel Mare un gran inspirador a la hora de definir su futuro.
Terminó el secundario y aunque debía dos materias, sin perder tiempo se inscribió en la Universidad Nacional de Córdoba para hacer el profesorado de Historia. Aprobó el cursillo de ingreso con un 10.
Ese fue el inicio de un nuevo camino, uno que muchas veces creyó que no podría hacer. No habían faltado las oportunidades en las que se había visto hasta el final de sus días recorriendo pasillos, con un puñado de llaves, ordenando aulas, limpiando pizarrones, barriendo un aula…
El cursado requirió de mucha perseverancia y esfuerzo: era portero por la mañana y estudiante universitario por la tarde y noche. Los viajes -durante casi siete años- se le hicieron eternos, con muchas noches sin dormir, y demasiadas responsabilidades a cargo. Pero no desfalleció, siguió adelante siempre, motivado por su sueño.
Un golpe duro llegó a mitad de su carrera: en tercer año falleció su padre lo que debilitó la salud de su madre, lo que le sumó a Sebastián a sus pocas horas libres, idas y vueltas a hospitales.
El día que se recibió, la emoción fue enorme. Su madre había sido operada el día anterior y no podría estar presente, sin embargo apareció en el acto y la sorpresa fue indescriptible. También estuvo acompañándolo su profesor de Historia, el que fue su inspiración.

Su primer trabajo como profesor fue en el CENMA de Villa del Rosario, pero antes de llegar al aula se sintió en shock en el colectivo en el que viajaba y casi no se puede bajar de tantos nervios.
Gran observador de tantos educadores que pasaron durante sus años de portero, de todos aprendió algo aunque reconoce que su mayor modelo sigue siendo Mare.
Hasta hace un mes, Sebastián siguió siendo portero mientras era profesor, hasta que un día su cuerpo le advirtió: sufrió un preinfarto que lo hizo entender que tenía que parar un poco.
Ahora se desempeña como profe de Historia en cinco colegios de Río Segundo, Costa Sacate y Villa del Rosario, y se ganó de parte de sus colegas el apodo de “El Contento” porque no hay día que llegue a sus clases sin una sonrisa aunque tenga un día duro.
Agradecido a la vida, Sebastián hoy es la inspiración de muchos, porque a sus 51 años demuestra que nunca es tarde para ir tras los sueños, por más grandes e inalcanzables que parezcan, y más que profesor de Historia, hoy es un profesor de la vida.