“Empezar no es fácil, pero vale la pena”: los consejos de Juan Blangino para para quienes sueñan con emprender
En el panel “De la experiencia al legado”, el fundador de Mosaicos Blangino repasó su historia, sus desafíos y las claves que lo llevaron a construir una de las empresas más reconocidas del país. A sus 85 años, continúa trabajando todos los días.

En una noche cargada de emoción, memoria y aprendizaje colectivo, Juan Blangino —fundador de Blangino S.A., empresa insignia de Monte Cristo y referente nacional e internacional en la fabricación de mosaicos— subió al escenario del programa La Puerta Emprende para compartir su historia en el panel “De la experiencia al legado”. Con su estilo directo, cálido y transparente, repasó seis décadas de trabajo incansable, innovación y compromiso.
“Ya estamos en los 60 años de trabajo. Empecé con cero peso cuando tenía 26 años”, recordó entre aplausos. Ese inicio humilde, con una prensa manual comprada a crédito y un pequeño galpón de cinco por cinco metros, marcó el comienzo de una trayectoria que hoy genera empleo, exporta a distintos países de la región y se sostiene en una filosofía innegociable: trabajar, mejorar e innovar.

Del pequeño taller a una industria referente
Blangino repasó los primeros años haciendo mosaicos de forma artesanal: “Compraba dos o tres bolsas de cemento por día y las iba a buscar en carretilla”. Con el tiempo, llegó la expansión, la incorporación de los primeros empleados y, más tarde, la compra de máquinas italianas que le permitieron aumentar la producción y avanzar tecnológicamente. “La mejor decisión que tomamos fue traer la primera máquina italiana. Ahí empezamos a crecer en serio”.
Con orgullo, recordó que la empresa llegó a tener 400 operarios, y aunque hoy sean menos por el contexto nacional, siguen trabajando gracias a una clientela fiel en todo el país y a una política empresarial que mantiene desde el primer día: “Al producto siempre hay que mejorarlo. El cliente que se va porque es caro puede volver; pero el que se va porque lo que vendimos no sirvió, no vuelve más”.

Innovar frente a la adversidad
El fundador también habló de los momentos difíciles, como la llegada masiva de cerámicos importados en los años ´80. Mientras muchas fábricas abandonaron el mosaico para vender cerámica, Blangino tomó la decisión contraria: “Si me ponía a vender cerámica, estaba cavando mi propia fosa”. Apostó a mejorar su producto, incorporar tecnología y sostener la calidad.
También recordó las crisis argentinas que atravesó la empresa, especialmente la de 2001: “Cuando el banco me dijo que dejara de pagarle a mi gente para pagarles a ellos, le dije que no. Mi gente con eso come”. A pesar del concurso de acreedores, cumplieron sus compromisos y salieron adelante.
El secreto: la gente
Uno de los pilares de su discurso fue el rol del equipo de trabajo. “El secreto es capacitar a la gente y darle participación. No hay que anular a la gente. Si le das órdenes, trabajan por cumplir; si le sugerís, trabajan pensando”. Incluso bromeó: “Hay algunos que mandan más que yo. Y está bien así, porque son los que me ayudan a que la fábrica camine”.
Hoy la empresa exporta a Uruguay, Paraguay, Bolivia y Perú, y está instalando maquinaria en Bolivia. También continúan abasteciendo obras públicas y privadas en todo el país, desde plazas hasta catedrales y supermercados.
Un legado vivo
A sus 85 años, Juan Blangino sigue yendo todos los días a la fábrica. “El trabajo es lo que me mantiene”, confesó. Y dejó un mensaje para los más jóvenes: “Hay que trabajar, no bajar los brazos. Pero sobre todo, tiene que gustarte lo que hacés. Si no te gusta, no te metas, porque te va a cansar”.
Antes de despedirse, agradeció la invitación y renovó su compromiso de seguir acompañando a las nuevas generaciones emprendedoras: “Voy a seguir hasta el último día de mi vida. Irme, ya les digo, no me voy”.
El público lo despidió de pie. No era para menos: su historia no solo inspira, sino que demuestra que el legado no es una palabra del pasado, sino un trabajo que se construye todos los días.